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16 jul 2019

Naufragio de "El Cazador" en 1784

Era el 11 de enero del año 1784.  El bergantín “El Cazador” alzó las velas de sus dos palos y partió de Veracruz rumbo a la Ciudad de Nueva Orleans, con una tripulación compuesta por un centenar de hombres y un cargamento de 450 mil monedas de plata en todas sus denominaciones, que tendrían como objetivo estabilizar el débil sistema monetario de la Corona española en Louisiana y reafirmar su poderío en toda la región.   

El rey Carlos III ordenó al capitán Gabriel de Campos que partiera viento a favor y se apresurara a llegar a esta región.   El barco nunca llegó; un temporal lo hizo naufragar frente a las costas de Louisiana sin ningún sobreviviente o testimonio que pudiera dejar a la historia algún relato de lo sucedido.   El bergantín no fue localizado y se dio por perdido en la profundidades del océano.  Así empezó el misterio… que se prolonga hasta nuestros días.


 El sitio “Todo a babor” reproduce un extracto de un artículo publicado en la Revista Proa: “El origen de este barco hay que buscarlo en una captura.  Seguramente se trate de una presa inglesa hecha en febrero de 1780 por el corsario español Joseph Ronda en el Mar Caribe.     Se llamaría ‘The Hunter’, castellanizándose a ‘El Cazador’, pues se consideraba de mal augurio cambiarle el nombre a un barco, pero no el traducirlo.    Parece que sería un corsario inglés, o eso se deduce de su denominación, y no debía de ser mal barco, pues acabó siendo adquirido por la Armada Española para operar en aguas caribeñas clasificado como bergantín”. 

Antonio Quinzán, editor del blog “Viajes y Fotografía”, comenta: “¿Qué hubiera pasado si esa plata acuñada en la ceca de la Ciudad de México hubiera llegado al puerto de Nueva Orleans?   Nadie lo sabe pero se puede especular pensando en que quizás la historia de los Estados Unidos hubiera sido escrita de forma diferente”.    

Hay que recordar que este tipo de moneda era de curso legal también en esos territorios.




No se volvió a saber nada de “El Cazador” hasta el 2 de agosto de 1993, cuando el pesquero “The Mistake”, al mando del capitán Jerry Murphy, cumplía su acostumbrada jornada en el  Golfo de México, frente a las costas de Louisiana y al intentar recoger sus redes quedaron enganchadas a unos cien metros de profundidad; cuando finalmente las lograron liberar y subir, se dejaron caer sobre cubierta unos bloques oscuros que al partirse dejaron ver decenas de monedas incrustadas en varios bloques concrecionados.

Quinzán continúa su apunte: “Tras dar noticia del descubrimiento a las autoridades, se inició una serie de reclamaciones y peticiones que terminaron con una concesión a la empresa norteamericana Marex para comenzar la exploración del pecio.   La verdad todavía no entiendo cómo es posible que las autoridades españolas no hicieran absolutamente nada al respecto y más tratándose de un buque de guerra protegido por la legislación internacional.   Pero teniendo en cuenta que nunca se ha hecho nada hasta el caso del expolio de ‘La Marcedes’ por parte de la empresa Oddisey, pues tampoco debería extrañar…”.    Con ayuda de la más alta tecnología, Marex recuperó miles de piezas y otros objetos que terminaron en jugosas subastas particulares y en el mercado numismático internacional.

Pero decíamos que el naufragio de “El Cazador” sigue siendo un misterio hasta nuestros días, no sólo por la poca información y documentación con la que se cuenta, sino por muchas otras razones…  La mencionada página web “Todoababor.es” apunta: “El bergantín fue vaciado sin ningún tipo de criterio arqueológico ni científico.    La profundidad dificultó un poco las labores, pero no mucho.    Como siempre y siempre ocurre en estos casos, los rescatadores informaron de que no hallaron ningún resto humano.     Si en un naufragio aparecen restos humanos, eso complica las labores de extracción, ralentizándolas por ley para tratarlos con respeto y depositarlos en un lugar adecuado.   Curiosamente, los cazatesoros que trabajan en naufragios españoles e informan a posteriori, nunca encuentran restos humanos, pero sí de animales (cerdos, gallinas, etc.)”.  




Este espacio no pretende juzgar estos hechos, pero sí valora que parte de esta historia pueda estar al alcance de muchos coleccionistas que atesoran de manera especial estas monedas que, después de ser sometidas a agresivos tratamientos para poder adaptarse nuevamente a la superficie luego de haber permanecido sumergidas por poco más de doscientos años, adquieren un brillo que resalta los daños causados por la corrosión marina que no cualquiera sabe apreciar y valorar.










Fuentes:

1.     https://www.todoababor.es/historia/desconocida-historia-bergantin-el-cazador/
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7 may 2015

LAS MONEDAS RECORTADAS DE FELIPE V DE 1733 Y 1734

Felipe V comenzó su reinado en el año 1700 y después de una breve pausa en 1724, cuando abdicó el favor de su hijo Luis I, a su muerte volvió a tomar el poder hasta su muerte en 1746.

Como ya lo hemos comentado, la moneda “Columnaria” nació precisamente con este monarca en 1732, desplazando las rudimentarias piezas “macuquinas”; sin embargo, en los años 1733 y 1734 se acuñaron unas piezas de “transición”, con características diferentes, antes de quedarnos de manera definitiva con las monedas redondas cuyo prestigio llegara a traspasar fronteras y a convertirse hoy día en piezas sumamente cotizadas por coleccionistas.

José Manuel Sobrino, escribió: “En los años 1733 y 1734 se acuñaron, se supone que con el sistema de molino, piezas del tipo recortado, de ocho y cuatro reales, con el troquel de las macuquinas, o sea, en cospeles poligonales”. 1 



Anverso.-
El escudo de armas de Felipe V, con las iniciales del ensayador “MF” del lado izquierdo, y la ceca “Mo” con la denominación “8” del izquierdo.   En el círculo exterior el año de acuñación “1733” y la leyenda “Philippvs V Dei G”.



Reverso.-
Al centro una cruz, con dos leones y dos castillos y la leyenda –casi siempre inconclusa- “Hispaniarvm Et Indiarvm Rex”.


Fuentes:


1.  “La Moneda Mexicana, su historia”, Banco de México, 1989.  Pág. 28

23 ago 2014

LAS PRIMERAS MONEDAS MEXICANAS FECHADAS ¿FUERON DE 1607?


La acuñación de moneda en México inició en el mes de abril de 1536, primero con las monedas conocidas como “Carlos y Juana” (1536 – 1555) y luego con las de Felipe II (1556 – 1598).   Estas primeras emisiones además de ser de forma irregular, tienen la característica de no haber sido fechadas.   Ninguna tiene la referencia del año en que fueron puestas en circulación.

Las primeras piezas mexicanas fechadas se dan durante el reinado de Felipe III, y muchos conocedores del tema, marcan en año 1607 como la primera vez que aparece una fecha en las monedas de Nueva España acuñadas en la Casa de Moneda de México.   Duane D. Douglas, escribió: “Se comenzó a usar fecha en la moneda durante este reinado, siendo la primera fecha conocida la de 1608/7, lo cual nos indica que debieron haber existido monedas con la fecha de 1607”. 1   Se acuñaron en plata denominaciones e ½, 1, 2, 4 y 8 Reales.
8 Reales Felipe III 1611 Mo
Foto cortesía de Fernando González Ortega
 
No obstante esto, hay que recordar que por la forma irregular que tienen estas piezas, a veces la fecha no alcanzaba a sellarse en el cospel, igual que otros datos que también pueden no aparecer en las monedas, como partes de la leyenda, la ceca y las iniciales del ensayador.   Es de suponer entonces, que las monedas macuquinas que tienen visible la fecha, tienen más valor numismático.   Esta fecha se nota a veces con sus cuatro dígitos, pero también es común distinguir solo tres, dos o uno de ellos… o ninguno.

Pero regresando a ese 1607.   La mayoría de los catálogos señalan precisamente esa fecha como la primera en la que se grabó el año de acuñación en las monedas de México. 2  Sin embargo, José Manuel Sobrino 3  hace referencia a dos piezas fechadas anteriores a ese 1607: “En esta época comienza a colocarse la fecha en las monedas de Hispanoamérica, siendo las más antiguas una de 1590 en un real de a cuatro de México que se encuentra en el Escorial, y otra de 1600 en otra pieza de ocho reales que se guarda en el monetario del Banco de México”.   Esta última ilustrada en su libro.

Interesante dato que nos invita a seguir investigando.

 

Fuentes:

1. “Numismática Mexicana; El libro primero y la moneda después”, México.  Pág.7

2. “Standard Catalog of Word Coins: Spain, Portugal and the New World” (Krause Publications) y “Catálogo de Monedas Coloniales de México” (F. González Ortega).

3. “La Moneda Mexicana Su Historia”, Banco de México, 1972.  Págs. 26 y 27.

27 feb 2011

LAS MONEDAS MACUQUINAS DE FELIPE V

Las monedas macuquinas se acuñaron en México por aproximadamente ciento ochenta años y, precisamente durante el reinado de Felipe V, se fabricaron los últimos ejemplares para dar paso a la moneda de tipo “Columnario”.


Acuñada en cospeles irregulares, de módulo y espesor diferentes, frecuentemente con la ausencia de datos importantes como la fecha o las letras del ensayador… estas piezas –como cualquier macaco- requieren de un buen conocimiento del tema para facilitar su identificación.

Las monedas macuquinas de plata de Felipe V datan de 1701 a 1734. Hay que recordar que en este período hubo una breve pausa por el efímero reinado de su hijo Luis I, con su respectiva, escasa y cotizada acuñación monetaria de los años 1724 y 1725.

Felipe V, nació en Versalles, Francia; al concluir la “Guerra de Sucesión”, alcanzó la Corona Española y de las Indias. Inició su reinado en el año 1700 con una España y una Nueva España muy deterioradas económica y políticamente, no obstante ello, pronto encaminó sus esfuerzos para mejorar las finanzas en ambos mundos. Con él inició en España el reinado de la Casa de Borbón.

El Escudo en las monedas de Felipe V.-

El Arq. Luis Enrique Ruiz, en la versión castellana de la obra “Spanish Colonial Coins of North America, Mexico Mint” de A. J. Stanley McNickle, se apuntan dos descripciones detalladas del Escudo de Armas adoptado por Felipe V, que explicamos a continuación. En él están representados los países europeos que estaban dominados en su reino:

I.

a. Al centro están tres flores de lis, que representan las Armas de la Casa Borbón.
b. Arriba a la izquierda, un cuadrante con dos leones y dos castillos, representando los reinos de Catilla y León.
c. Debajo de los dos últimos y encerrada en un triángulo una granada, con la presencia precisamente del reino de Granada.
d. Después de este cuadrante, arriba y al centro, cuatro líneas verticales representan el reino de Aragón.
e. Arriba a la derecha, otro grupo de líneas verticales bajo dos triángulos con dos pequeños círculos al centro y dos águilas, se representan los reinos de Nápoles y Sicilia.
f. A la izquierda de las tres flores de lis centrales, está una franja horizontal que representa a Austria.
g. A la derecha del Escudo de la Casa Borbón, otras tres flores de lis representando a la Borgoña Moderna.
h. En la parte de abajo, a la izquierda, tres líneas trasversales representan a Borgoña Antigua o Países Bajos.
i. Al centro, abajo, un triángulo dividido en dos, uno con un león representando a Flandes; y oro con un águila, símbolo de Tirol.
j. Finalmente, abajo a la derecha, un león más grande, representando a Brabante.

II.

a. Las tres flores de lis de la parte central, en este diseño, aparecen considerablemente más grandes. Representan, como ya lo hemos dicho a la Casa de Borbón.
b. Arriba a la izquierda, sólo aparecen tres cuadros: un castillo y dos leones, representando los reinos de León y Castilla.
c. Arriba al centro se mantienen las tres líneas verticales representando a Aragón.
d. A la derecha, considerablemente agrandado, un nuevo diseño con las dos águilas representando al reino de Nápoles y Sicilia.
f. A la altura de la flor de lis baja y a la izquierda, un rectángulo representa a Austria.
g. A la derecha a esa misma altura, tres flores de lis más pequeñas representan a Borgoña Moderna. En este nuevo diseño son presentadas en dos arriba y una abajo.
h. Tres líneas hacen ángulo abajo a la izquierda, para representar a Borgoña Antigua o Países Bajos.
i. A la derecha le sigue el león representando a Flandes; y el águila de Tirol.
j. Y, finalmente, abajo a extrema derecha un león más grande representa a Brabante.

Como habrá que suponerse, difícilmente se encuentran visibles todos estos elementos en una pieza de tipo macuquino, por lo que representa todo un reto para el coleccionista identificarlos en la pieza que tiene en su poder.

Los macacos de Felipe V.-

Se acuñaron monedas de plata de Felipe V de tipo macuquino, en las siguientes denominaciones:

1/2 Real
1 Real
2 Reales
4 Reales
8 Reales

Las monedas eran cortadas hasta alcanzar el peso que les correspondía por ley, esto es 1.69, 3.38, 6.77, 13.54 ó 27.07 gramos respectivamente, según la denominación.


Descripción general de las monedas.-

Anverso.- El Escudo de la Casa de Borbón coronado, al centro; a la izquierda de éste las iniciales del ensayador y a la derecha la ceca “Mo” sobre el valor. La leyenda: “Philipvs V Del G.”.

Reverso.- Una cruz con dos leones y dos castillos, representando los reinos de León y Castilla; la leyenda: “Hispaniarvm et Indiarvm Rex”.










1:2 Real

1 Real

2 Reales

8 Reales

Fuentes:
1. “Los Escudos de los Reyes de España en las Monedas Coloniales de México”, Sociedad Numismática de México, México, 1962.









8 mar 2010

Medio Real de Luis I


El corto reinado de este monarca hace de sus piezas todo un desafío al coleccionista










Luis I fue un efímero monarca español, que a sus tan sólo 17 años de edad, murió contagiado de viruela. “…Nació en Madrid el 25 de agosto de 1707 y el 10 de enero de 1724 subió al trono por abdicación de su padre, pero el 31 de agosto del mismo año, cuando sólo tenía 17 años y 6 días de edad, murió en Madrid”. 1

Aunque Felipe V -primero de la Casa Borbón- había abdicado a favor de él (de hecho siguió con la autoridad, por razones obvias) este trágico acontecimiento le hizo regresar al trono oficialmente a la muerte de su hijo. Luis I no fue comprometido a matrimonio, por lo que no se casó ni tuvo descendencia para aspirar al trono.

El reinado de este joven monarca figura dentro de la historia, porque durante poco más de siete meses fue rey y soberano de la Nueva España; su paso por el trono se volvió tan anecdótico, como las monedas que hoy se pueden encontrar atribuidas a él y que forman parte de colecciones avanzadas. “Paradójicamente y por iniciativa de su padre, posee monedas con fechas anteriores y posteriores a su coronación y muerte”. 2

Las monedas de Luis I, casi todas de forma muy irregular, están fechadas en 1724 y 1725; el poder descubrir la fecha impresa en una de estas piezas junto al monograma, le darían al ejemplar un carácter de único y sumamente cotizado.

Anverso.- El monograma de Luis I: “LVS” coronado y la leyenda “Lvdovicvs I DG” más la fecha. Del lado izquierdo del monograma la ceca “Mo” sobre la inicial del ensayador “D”; y, del derecho, el valor “1/2” (Real).

Reverso.- Al centro el Escudo de Armas con leones y castillos, y, alrededor la leyenda: “Indiarv. Rex. Hisp. Et”.

El peso de esta moneda es de 1.60 gramos y es de plata 0.9310. Está catalogada como la KM# 25.

El reinado de Luis I fue tan corto, que más tardó el festejo por su ascenso al trono, que en organizarse sus funerales.




Fuentes:

1. “Los Escudos de los Reyes de España en las Monedas Coloniales de México”, A.J. Stanley McNickle, Sociedad Numismática de México, 1962. Pág. 77
2. “Catálogo General de la Moneda Española”, José A. Vicente, Madrid, 1976. Pág. 233












6 ene 2010

Las monedas de naufragio

Rescates marinos las han regresado a la vida y acercado a los coleccionistas

Los naufragios de buques y navíos con monedas abordo, se debieron principalmente a dos factores: el pago del Señoraje y luego el Quinto Real al soberano español, y la exportación de moneda al mundo.


El Rey Carlos I y su madre, doña Juana, dispusieron que el Nuevo Mundo debía sentir la presencia real a través de un representante, por lo que nombraron a don Antonio de Mendoza, en 1535, el Primer Virrey de la Nueva España. Este gobernante ya tenía buena experiencia en la fabricación de monedas.

Al llegar a México a finales de ese año, estableció inmediatamente la primer Casa de Moneda de América, y en abril de 1536, iniciaron las primeras acuñaciones de las piezas conocidas como de Carlos y Juana.

El Soberano español estableció primero un “Derecho de Señoraje”. “En el mencionado año de 1535 se expidió otra Real cédula, en que advirtiendo que los gastos de la amonedación serían mayores en las Indias que en España, se ordenó el cobro de un real mas en cada marco por razón de costos… y así mismo el de otro real por derecho de señorage…”. 1

Luego, el Rey lo cambió por el “Quinto Real” a través del cual debía recibir el 20%, es decir, la quinta parte de los metales extraídos, en barras o, la gran mayoría de las veces, convertidos en moneda. “Rescatadores, refinadores, indígenas y todo aquel particular que presentara platas a las oficinas de la Real Hacienda, tenían que pagar un 20% de las mismas – el ‘quinto’- en calidad de derechos reales. Los mineros, en cambio, tenían un trato preferencial para fomentar su labor en virtud del cual gozaban de una rebaja por la que pagaban sólo un 10% -el diezmo’-.” 2 La historia se repitió durante todo el virreinato.

El traslado de estas riquezas a España tenía que ser a través de una arriesgada travesía, primero por tierra y luego por mar, sujeta muchas veces a las más extremas condiciones meteorológicas y otras, a los constantes ataques de piratas en busca de esos tesoros.




Ernesto Frers, apunta: “Tras el ‘redescubrimiento’ de América, corsarios, piratas, filibusteros y bucaneros de diversa filiación protagonizaron la llamada ‘edad de oro’ de la piratería. Como es sabido, la víctima propiciatoria y propicia de sus desmanes fue España, en la figura de los galeones que atravesaban el mar cargados de oro, plata y preciosas pedrerías”. 3

Las naves y su contenido, muy frecuentemente, terminaba en el fondo del mar: en naufragio. Muchas monedas de Carlos y Juana, Columnarias y de Busto, encontraron en el océano un refugio, una guarida por cientos de años, para luego “volver a la vida” gracias a algún rescate marino.




Empresas, como la controvertida Odyssey Marine, cuentan actualmente con la más avanzada tecnología y han hecho de los rescates marinos toda una industria, que ha logrado sacar a la superficie muchos capítulos de la historia y con ellos considerables fortunas de oro y plata, entre otros objetos. Es común encontrarnos con piezas subastadas con “certificados de autenticidad” de cierta embarcación.

Las monedas que regresan a la superficie producto de algún rescate marino, lo hacen con una huella muy particular: la corrosión de mar es inconfundible. Las picaduras, la tonalidad… lo que cuenta cada una de ellas, las hace únicas.
Muchas veces el coleccionista no sabrá que buque transportaba su pieza o en dónde estuvo sumergida, pero lo que no le quedará ninguna duda, es que estuvo por mucho tiempo escondida en las profundidades del Caribe, el Atlántico o hasta en el Pacífico.



Cabe recordar que nuestra moneda, desde el surgimiento del Real de a 8, también fue de exportación. “…Entre los siglos XVI y XIX la ceca nacional ‘Mo’ tuvo la aceptación de moneda universal, sirvió de base al comercio mundial y garantizó la calidad técnica y la fidelidad de las aleaciones de muy diversas piezas acuñadas en metales preciosos, ellas circularon por largo tiempo en casi todos los rincones del mundo. La moneda de ocho reales, la célebre columnaria, el peso resplandor de plata también conocido como ‘dólar español’ acuñado en América, fue aceptado, contramarcado y adoptado como circulación legal en numerosos países que de moneda propia carecieron”. 4

A las contramarcas orientales se les conoce como “Chops”. Eran puestas principalmente por los chinos una vez certificada la Ley de la moneda, para su circulación en ese país.

Esta demanda de la moneda mexicana, implicó, desde luego, trasladarla a los más lejanos países, con los riesgos propios y consecuencias que la mar presentaba, cobrando también, muchos naufragios.

Sin duda alguna, incluir este tipo de monedas en nuestra colección, le dará un valor histórico adicional y más si pensamos que aunque hayan sido consideradas “muertas” -o por lo menos desaparecidas- gracias a ese rescate marino, han vuelto a la vida.

Quizá no brillen tanto como otras, probablemente sus caras no luzcan pulidas… pero cada una de ellas tiene una historia que contar y que nos invita a descubrir.

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Fuentes:

1. “Indagaciones sobre la amonedación en Nueva España”, por Fausto de Elhuyar (3). Miguel Angel Porrúa, México, 1979.
2. “Plata y Libranzas”, Pedro Pérez Herrero, El Colegio de México, 1988. Pág. 114
3. “Más allá del legado pirata”, Ediciones Robinbook, Barcelona, España, 2008. Págs. 96 y 97.
4. “Casa de Moneda de México. Presencia en el Mundo”, Miguel Angel Porrúa, México, 1990. Págs. 7 y 8



23 sept 2009

1 Real Felipe II

Primeras monedas macuquinas

Felipe II fue sucesor de su padre, Carlos I de España. Gobernó de 1556 hasta su muerte en 1598. Fiel seguidor de la religión Católica, sus convicciones en este respecto fueron tan fuertes, que terminaron en una histórica derrota contra la reina Isabel I de Inglaterra.


Al terminar la acuñación de las piezas conocidas como de “Carlos y Juana”, inició otra en nuestra numismática, la moneda macuquina que se caracteriza por su mala fabricación; esto fue en el año 1572. Su manufactura era manual.

Respecto a las monedas de tipo macuquino, José Manuel Sobrino comenta: “El significado de este adjetivo ha sido motivo de diversas interpretaciones; en lo único en que se está acorde es en considerar como moneda macuquina a la acuñada toscamente en cospeles irregulares, sin cordón, de espesor variable y que en México se fabricó hasta que, por real cédula de Felipe V, de 9 de junio de 1728, se dispuso el cambio total de los tipos monetarios circulantes de oro y plata”. 1


Las piezas de 1 Real, tienen las siguientes características:


Anverso.- En escudo de armas, la ceca, la inicial del ensayador. No se indica el valor en esta denominación. La inscripción: “Philippvs II Dei Gratia”.


Reverso.- Una cruz, los leones y castillos y la leyenda “Hispaniarvm Et Indiarvm”. Dice José Manuel Sobrino: “Figura una cruz unilateral potenzada pometeada, es decir que sus brazos rematan en dos horcas divergentes y una esfera; otras veces rematan en tres puntas, asemejándose a las flordelisadas. Estas cruces características sólo se encuentran en las monedas labradas en la Casa de México, con excepción quizá de las primeras que se acuñaron; la cruz se encuentra rodeada por un arco ornamental de líneas curvas…” 2 Otra fuente, agrega: “La cruz del reverso con puntas redondeadas, distinguía a las monedas de México de las acuñadas en otras Casas de Moneda hispanoamericanas que empleaban una cruz potenzada o de Jerusalén”. 3



Fuentes:
1. “La Moneda Mexicana, su historia”, Banco de México, S.A., México, 1989. Pág. 24
2. “La Moneda Mexicana, su historia”, Banco de México, S.A., México, 1972. Págs. 25-26
3. “Casa de Moneda de México, Presencia en el Mundo”, Miguel Angel Porrúa, México, 1990. Pág. 73












19 sept 2009

8 Reales de Fernando VI

En 1754 se la columna izquierda de Hércules cambia de “Real” a “Imperial”

Fernando VI también fue hijo de Felipe V. Se casó a los 16 años de edad con Bárbara de Braganza, quien murió sin darle herederos. La pérdida de su esposa lo llevó a una profunda crisis emocional que no pudo superar. Murió en 1759

Las piezas de tipo columnario correspondientes a este monarca, se acuñaron entre 1747 y 1760, inclusive un año después de su muerte.

José Manuel Sobrino, apunta: “Durante el reinado de Fernando VI se dictan las ordenanzas del 1 de agosto de 1750 para la Casa de Moneda de México y demás de América ‘en lo que sea adoptable’. En ellas se señalan derechos y obligaciones de los ministros, oficiales y operarios de las cecas. La real cédula de 4 de mayo de 1754 dispone que en América sólo circulen las monedas acuñadas en sus propias cecas”. 1

Anverso.- El Escudo coronado de España y la leyenda: “Ferdnd VI. D.G. Hispan. Et Ind. Rex”. La denominación “8” Reales y la inicial del ensayador.

Reverso.- Los dos mundos unidos bajo una corona y sobre las aguas del océano, las dos columnas de Hércules con la inscripción “Plus Ultra”. La leyenda: “Vtraque Vnum”, la ceca “Mo” y la fecha.

“En 1754, en las monedas de 8R la corona encima de la columna izquierda de Hércules, se convierte de real en imperial y la columna de la derecha conserva su misma columna real”. 2 Antonio Deana Salmerón, escribió en el Boletín #80 de la Sociedad Numismática de México: “Nadie ha podido dar una explicación ni una razón poderosa para haber efectuado tal cambio en las coronas. Sólo se dice que se quiso dar el título de Emperador a Fernando VI, título ostentado por el Emperador Carlos V, que al mismo tiempo era llamado Carlos I de España”. 3


Fuentes:
1. “La Moneda Mexicana, su historia”, Banco de México, S.A., México, 1989. Pág. 30
2. “Casa de Moneda de México, Presencia en el Mundo”, Miguel Angel Porrúa, México, 1990. Pág. 85
3. “Sociedad Numismática de México, A.C., Quincuagésimo Aniversario”, Boletín 194-196, 2002. Pág. 43
















8 sept 2009

8 Reales Columnarios de Carlos III

Con este monarca termina la acuñación de moneda Columnaria


El rey Carlos III fue hijo de Felipe V; antes de ser coronado como monarca español, ya era rey de Nápoles. Destacó en muchos aspectos, principalmente por la forma en que llevó a sus gobernados a la modernidad, aunque en la gran mayoría de los casos el precio que tuvieron que pagar a través de impuestos fue muy alto. Gobernó de 1759 a 1788.

“Creó academias, protegió la agricultura, estableció el Banco de San Carlos y a él se debe la fundación en Nueva España de la Real Academia de San Carlos de Bellas Artes según Real Orden del 25 de diciembre de 1783, permaneciendo la Escuela sus primeros cuatro años en la Casa de Moneda”. 1

Carlos III supo capitalizar la prosperidad lograda por sus antecesores y justo durante su reinado se realiza la última emisión de moneda “Columnaria”, para dar paso, a la “de Busto”. En 1772 se ordenó la suspensión de la moneda de este tipo y se otorgó el plazo de un año para sustituirlas por las de nuevo diseño con el busto del soberano. Dice José Manuel Sobrino: “A pesar de la prohibición de continuar troquelando moneda columnaria, parece ser que ésta siguió labrándose en cantidad reducida durante el primer trimestre de 1772, según se desprende de la ordenanza de Carlos III, que estipulaba que, a partir del 29 de mayo de 1772, toda la acuñación debía ser del tipo ‘de busto’.” 2

Estas monedas pesan 27.0674 gramos y su contenido en plata es de 0.9170.

Antonio Deana Salmerón, escribió: “Las monedas de 8 Reales que indudablemente son las más atractivas fueron reducidas en su tamaño y por lo regular tienen un diámetro de 38 mm. aunque son de mayor espesor a fin de dar el peso de 27 gramos. Esto las hace lucir menos, si las comparamos con las ostentosas piezas de Felipe V y de Fernando Vi que sí lucen con el arte barroco dieciochesco”. 3

Anverso.- El escudo de León y Castilla coronado, la inicial del ensayador y el valor “8”. La leyenda “Hispan Et Ind Rex Carolvs III D.G.”.

Reverso.- Los dos mundos bajo una misma corona, sobre el mar. Las columnas de Hércules, coronadas, con el texto “Plvs Vltra”. El año y la ceca “Mo”. La leyenda: “Vtraque Vnum” (de dos, uno).


Fuentes:
1. “Los Escudos de los Reyes de España en las Monedas Coloniales de México”, versión castellana de Luis Enrique Ruiz, Sociedad Numismática de México, 1962. Págs. 82-83
2. “La Moneda Mexicana, su historia”. Banco de México, S.A., México, 1972. Pág. 40
3. “Sociedad Numismática de México, Boletín 189”, México, 2000. Pág. 37







31 ago 2009

4 Maravedís

Rescatadas del lago de Texcoco


En 1542, el virrey don Antonio de Mendoza emitió un decreto que ordenaba la acuñación de moneda de cobre en la Nueva España. La de mayor denominación, fue la de 4 maravedís.

Estas piezas fueron rechazadas por los indígenas y a pesar de la orden de usarlas como moneda corriente, eran arrojadas al lago de Texcoco. José Manuel Sobrino, apunta: “Todavía en 1545, la Audiencia de México, en carta al Rey, afirmaba su convencimiento de que la moneda de cobre debía continuarse fabricando, pero ya en 1550 los miembros del Cabildo estaban acordes en que debía suspenderse su acuñación en vista de la actitud adverse de los indígenas. Es probable que la troquelación del cobre se haya suspendido por 1551 ó 1552, pues oficialmente se le retiró de la circulación por real cédula de 1556”. 1

El mismo autor, en otra edición de su libro agrega: “Poco se sabe de la técnica de acuñación de las monedas de este periodo debido a que era uso tradicional, desde la Edad Media, que los secretos de las artes y los oficios se guardaran celosamente; los trabajadores de la casa de moneda compraban sus empleos y tenían que capitalizar una habilidad que se transmitía de padres a hijos y a costa de años de aprendizaje. No se utilizaba maquinaria; la mano de obra la proveían los indígenas y los esclavos negros, quienes hacían el trabajo rudo y sucio, en tanto que la técnica y dirección provenían de los españoles”. 2

También se hicieron monedas con valor de 2 Maravadís. Miguel L. Muñóz, escribió sobre estas piezas: “Prácticamente todas desaparecieron de la circulación. Afortunadamente, al hacer excavaciones, algunas de 4 Maravadís, muy dañadas, han sido encontradas; pero pocas, muy pocas de 2 maravadís han sido recuperadas. Esto hace de esta moneda una de las más raras y codiciadas de la Numismática Mexicana”. 3

Anverso.- Una “K” con una corona sobre ella, un león del lado derecho y un castillo del izquierdo. Bajo la letra una granada y “Mo”. La leyenda –casi siempre incompleta- “Carlovs et Iohana Reges”.

Reverso.- Una letra “I” coronada, nuevamente el castillo y el león, uno de cada lado; abajo el numeral “4” y la leyenda o parte de ella: “Hispaniarvm et Indiarvm”.


Fuentes:
1. “La Moneda Mexicana, su historia”, Banco de México, S.A., México, 1972. Pág. 22
2. “La Moneda Mexicana, su historia”, Banco de México, S.A., México, 1989. Pág. 22
3. “Sociedad Numismática de México, Boletín No. 56”, México, 1967. Pág. 67








2 ago 2009

2/4 de Real Fernando VII

Fueron emitidas para sustituir a los tlacos

Ya nos hemos referido en otras ocasiones, a la constante necesidad de existir moneda fraccionaria para facilitar las pequeñas operaciones mercantiles. Dice José Manuel Sobrino: “En 1814 el virrey Calleja ordenó que se retiraran de la circulación las fichas o medios de cambio particulares que, con el nombre de tlacos, señales y pilones, servían para realizar las pequeñas operaciones de cambio. Para sustituir estas piezas y complementar las cuartillas de plata, dicho virrey Calleja ordenó a la Casa de Moneda de México, por bando de 28 de marzo de 1814, la acuñación de monedas de cobre de dos cuartos… estipulándose que esas piezas equivaldrían, respectivamente, a una cuartilla, a un tlaco (octavo de real)”. 1

Están fechadas en 1814, 1815, 1816 y 1821.

“La circulación de estas monedas fue autorizada por bando de 13 de agosto de 1814 y, como hubiera cierta resistencia para aceptarlas, se dictó la ley de 20 de diciembre de ese mismo año, por la que se pusieron en circulación fijándose su poder liberatorio, o sea la cantidad máxima que podía pagarse o recibirse de ellas en cada transacción”. 2 Estas monedas de cobre fueron las primeras troqueladas en este metal, desde que se suspendió la acuñación de “maravedíes”.





Anverso.- Entre dos “f” un “VII”, imagen coronada. De lado izquierdo la ceca “Mo”, del derecho el valor “2/4”. Abajo la fecha y alrededor la leyenda “Ferdin . VII. D. G. Hisp. Rex”.





Reverso.- Una cruz con dos leones y dos castillos; las tres flores de lis al centro. Todo rodeado por una corona de laurel.

Fuentes:
1. “La Moneda Mexicana, su historia”, Banco de México, S.A., México, 1972. Pág. 49
2. “La Moneda Mexicana, su historia”, Banco de México, México, 1989. Pág. 33